
AÑO
2026
Varias regiones de México experimentan frecuentes movimientos sísmicos, particularmente aquellas localizadas en áreas con interacción de placas tectónicas, tal es el caso de los estados de Chiapas y Oaxaca como consecuencia del choque frecuente entre las placas de Norteamérica y de Cocos. Estos fenómenos, que suelen traer aparejadas grandes tragedias por la pérdida de vidas humanas y la devastación de infraestructura de todo tipo, también alteran el patrimonio edificado en las zonas arqueológicas de México. En este escenario, el caso de Oaxaca resulta significativo, en tanto su actividad sísmica es una de las mayores del país, lo mismo en frecuencia que en intensidad. Los fuertes sismos ocurridos el 7 y el 19 de septiembre de 2017 dejaron su trágica impronta; su fuerza se vio reflejada en múltiples daños en varios estados de la República mexicana y la zona arqueológica de Monte Albán-Atzompa no fue la excepción. El trabajo que aquí se presenta es resultado de una ejemplar respuesta ante los efectos que sobrevienen a estos inevitables e impredecibles eventos.
Sobre el autor/a — Nelly Robles García